El toro desde la antigüedad
Por Baldomero Patón Galdón. bpgaldon@eresmas.com

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| Desde los más remotos tiempos de la prehistoria, el hombre sintió un intenso respeto y temor por las fuerzas de la naturaleza y por determinados animales, a los que atribuía poderes benéficos o maléficos, según los casos. |
| En el caso del toro, este respeto y temor llegó a traducirse en bastantes casos, en una relación de tipo religioso, por ser el toro fuente de alimento, como en el caso del hombre del Paleolítico, que lo representa (toro, bisonte o uro) en sus pinturas rupestres, o lo reproduce esquemáticamente como en los llamados toros de Guisando, o, como en la civilización egipcia, lo consideran (el buey Apis) como un dios o un mensajero de los dioses. |
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Creta es una isla del Mediterráneo situada al sur de Grecia, en la que se desarrolló una extraordinaria civilización, cuya máxima figura desde el punto de vista religioso era el toro. |
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Así lo podemos apreciar en los monumentos que nos han quedado, muy especialmente en las ruinas del palacio de Cnossos, en frisos y decoraciones, como aquella en la que se aprecia a unos jóvenes lidiando con un toro, al que saltan, en una suerte que otras veces se desarrollaba con una garrocha y que, en determinados espectáculos he visto repetir de una forma casi exacta. |
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Hasta tal punto llegaba el respeto por el toro sagrado en esta cultura que uno de sus reyes consintió en que su esposa tuviese relaciones con un toro blanco para obtener un hijo fuerte, valiente y semidiós. El resultado fue el Minotauro, monstruo gigantesco con cabeza de toro y cuerpo de hombre, al que su padre encerró en un palacio laberíntico para que jamás pudiese salir de él y al que, periódicamente, se le entregaban una serie de jóvenes vírgenes de ambos sexos (era carnívoro) para tenerle satisfecho y calmado y conseguir que jamás saliese de su siniestro encierro |
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A esto puso fin un joven llamado Teseo, cuya historia sería larga de contar, que se atrevió a enfrentarse con el Minotauro y acabó con él de una estocada bastante aceptable. No está claro si llegó a cortar la oreja del Minotauro. Uno llega a preguntarse si estos pueblos, cultos y adelantados para su período histórico, no exportaron su cultura, costumbres y celebraciones a través de otros pueblos y civilizaciones del Mediterráneo y llegaron hasta nosotros por medio de los más cultos habitantes del valle del Guadalquivir: los tartesios o de nuestros antepasados, los iberos, de los cuales recuerdo haber leído en alguno de mis viejos libros de historia que “hacían fiestas con toros”.Ilustración: “Teseo dando muerte al Minotauro”.
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