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La
delgada línea que divide geográficamente dos provincias, e incluso
dos regiones, sólo existe en los mapas que delimitan nuestro hermoso
país. Olvidando esas fronteras geográficas muchos paisanos nuestros,
al igual que muchos otros vecinos de más allá de la línea, se han
movido entre comunidades por cuestiones sociales o laborales.
Descubrimos, por tanto, que las fronteras y divisiones no existen en
realidad, la forma de vida se fusiona en las zonas limítrofes y
apenas existen diferencias en el sentir de sus gentes. Es
en esta zona limítrofe donde nace Julián Luis Medina. Su infancia y
su juventud se desarrollan en Puebla del Príncipe (Ciudad Real),
lugar donde empieza a utilizar sus primeros lápices. Desde muy niño,
por las razones expresadas anteriormente, se mueve entre las dos
provincias, nunca separadas en sus sentimientos, ya que antepasados
suyos descansan eternamente en tierras del Condado y, ahora su hijo,
el travieso, avispado y simpático David, crece aquí entre nosotros.
Y es que, como él mismo dice: "Mejor que partir el corazón en
dos mitades para amar las dos regiones (Andalucía y Castilla‑La
Mancha) es agrandarlo para amar a las dos por igual. Las dos tienen la
luz del sol y el color con matices y en mi obra pretendo plasmar esa
fusión". Desde
siempre Julián Luis ha mantenido inquietudes y aptitudes para la
pintura, donde se ha refugiado para sentirse identificado con la
creación de una obra realista, llena de fuerza y de una luz íntima
que nos hace contemplarla con agrado. Es en esta etapa de su vida
cuando comienza a tomarse en serio la pintura y esta dedicación a
ella hace que su obra crezca. Con el cambio de siglo
decide mostrarla al público y su currículum, al mismo tiempo que
crece, se está forjando con el tiempo y numerosas exposiciones, como
la que presenta ahora en Castellar, numerosos premios y reseñas en
prensa, intentan, poco a poco, abrirle un hueco en este difícil mundo
de la pintura. P.
‑¿Cuándo comenzaste a pintar? R.
‑Las inquietudes más intensas se tienen en la infancia y en la
juventud. Desde muy pequeño ya intentaba cosas en papeles viejos e
incluso en papel de envolver la compra. En el colegio se organizaron
dos concursos de pintura y fui ganador de los dos. Poco después pasé
al Instituto y me encargaban realizar carteles y dibujos para las
actividades que se organizaban. Recuerdo que en una ocasión se
organizó un concurso de postales navideñas y me presenté con
veintiuna obras, también fui el ganador. Por aquella época hice mis
primeras pinturas murales en locales de la zona. Fue ya en la mili
cuando comencé a pintar retratos, ganándome unas pesetillas de
entonces pintando a novias de mis compañeros. Luego
hubo un tiempo en el cual, por motivos laborales, dejé de crear,
salvo el periodo del 90 al 93 en que hice una incursión en algo
relacionado con la pintura. Fueron las clases de manualidades
organizadas por Cáritas, en los locales de la Colegiata, y en las
cuales participé como monitor.. Volví después a tomar contacto
definitivo con la pintura gracias al Certamen de Castellar y, a partir
de entonces, dedico mi tiempo libre a lo que me gusta. Poco a poco fui
reuniendo mi obra, hasta que en el año 2000 mi amigo y mentor Fermín
Serrano me animó a realizar mi primera exposición en público. Fue
en Villanueva de los Infantes donde presenté treinta y dos obras que
tuvieron muy buena acogida (en cinco días que duró la exposición se
vendieron trece cuadros). Esa primera exposición fue el espaldarazo
que me animó aún más a seguir dedicándole más tiempo a la
pintura. Luego siguieron más exposiciones y el reconocimiento de la
gente, volviendo a realizar labores de monitor de iniciación a la
pintura en las universidades populares de dos pueblos. En estos momentos, dedicándole
trabajo y tiempo, aquí estamos intentando abrir un hueco en este difícil
mundo.
P. ‑¿Qué te impulsa
a pintar? R. ‑Explicar los
impulsos siempre nos resulta difícil, pero si estos nos llevan a
hacer actos buenos siempre serán bienvenidos. Expreso en mis tablas
sensaciones y matices para que la gente, al verlos, disfrute a la vez
que se intenta conseguir un equilibrio emocional entre nosotros. P.
‑¿Cuáles son tus pintores preferidos? R.
‑Mis preferidos son los clásicos y los que están enmarcados
dentro del movimiento del realismo. Sería interminable enumerar una
lista y me dejaría a muchos, algunos conocidos y otros no. Pero yo no
desprecio otros movimientos y, cuando viajo, siempre empleo todo el
tiempo que puedo en ver museos y exposiciones. La verdad es que son
muchas las horas, nunca perdidas, admirando pinturas e intentando
enriquecerme con matices y técnicas. En realidad uno está
continuamente aprendiendo. P.
‑¿Quieres añadir algo? R.
‑En primer lugar agradecer la oportunidad que me brinda el
pueblo de Castellar y la Asociación Amigos de los Museos. Y en
segundo lugar, a Francisco Clavijo Viózquez por haber tenido la
oportunidad de conversar con él y de cuyo diálogo ha salido esta
entrevista. Y,
como colofón de esta charla, Julián me muestra su obra, repartida
por toda su casa y entre la que descubro, asombrado, algunas tintas y
acuarelas de su esposa Rosa. De sus cuadros Julián me habla como un
padre describiendo a sus hijos, me señala sus cualidades y
preferencias, sus virtudes y defectos; pero, ante todos ellos, sale a
relucir su amor por la obra creada, en este caso su pintura. Yo, he de
confesar que soy un neófito en este tema, pero, desde el primer
momento me atrae su variedad, su luz y colorido, su hiperrealismo que,
en algunos de ellos, llega a la minuciosidad. Y... descubro una técnica
en la que... ¡las piedras son piedras! Quienes vean su pintura
ya me entenderán. Francisco Clavijo Viózquez. Amigos de los Museos de Castellar. |